
El
concepto de Historia antigua surge en el siglo XVIII y en ese momento hace
referencia a la Antigua Grecia y a la Antigua Roma, y con respecto a Roma
abarca desde el siglo VI a.C. al siglo III d.C. En el siglo XIX, el marco
geográfico empezó a ampliarse y se integraron el Próximo Oriente y Egipto, esto
se debe principalmente a la acción imperialista de las potencias europeas. En
la actualidad se entiende por Historia antigua a Mesopotamia, Próximo Oriente,
Egipto, Grecia y Roma. La Historia antigua comienza con la confluencia de una
serie de factores como la aparición de la escritura, la agricultura y la
sedentarización, o la metalurgia. A esto lo denomina Gordon Childe[1] como Revolución Urbana. El
fin de la Historia antigua tampoco está muy claro, por ejemplo, la escuela
británica señala su fin en el año 324 d.C., la historiografía francesa sitúa el
final en el año 385 d.C. cuando muere Teodosio El Grande[2] y se produce la división
del Imperio Romano; la historiografía alemana sitúa el final en el año 476 d.C.
cuando se destituye a Rómulo Augusto[3]. Esta última fecha es la
más aceptada por la comunidad de historiadores. También nos encontramos con
otro concepto, Antigüedad tardía. Este concepto abarca el período de tiempo que
abarca desde el siglo III d.C. al año 476 d.C.
En la Historia antigua nos
encontramos con fuentes escritas, entre las que destacan los diferentes tipos
de textos, y fuentes arqueológicas cuyo análisis es más complejo.
3. Antecedentes de la historiografía
griega.
Se
considera a los relatos de viajes jonios, que servían de guía a los navegantes
y a los mercaderes, junto a los textos llamados periplos, que eran textos en los que se narraban costumbres de
países lejanos, antecedentes de la Historia clásica griega. La palabra periplo en su origen significaba
circunnavegación y se utilizaba para designar los viajes o excursiones que se
llevaban a cabo, normalmente debido al interés comercial, la curiosidad
científica o por ocio. El ejemplo más arcaico con el que contamos pertenece al
cartaginés Hannón[4].
La lectura de la Odisea de Homero[5] por parte de la población,
llevó a los navegantes y a los excursionistas marinos a realizar más
embarcaciones.
También nos encontramos con la
influencia de los logógrafos, conocidos como los narradores en prosa. Estos
escribían crónicas sobre genealogías destacadas, tradiciones locales, relatos
de viajes y anales. Los logógrafos usaban el dialecto hablado en Jonia y
utilizaban una prosa sencilla que presentaban una gran amenidad. Se consideran
a estos los verdaderos creadores del estilo narrativo, además de los principales
antecesores de la Historia clásica. Entre los logógrafos, destacaron Cadmo de
Mileto que escribió sobre la fundación de Mileto, Acusilao de Argós que
escribió unas genealogías y Hecateo de Mileto que es considerado el más
importante del grupo. La obra más destacada de Hecateo de Mileto es La vuelta a la tierra. Este autor marca
la época de transición de la vieja escuela de logógrafos al género histórico.
Tras este grupo de narradores,
destacaron, ya en época de Herodoto, Helánico de Mitelene cuya obra más destaca
es Historia Ática y Antíoco de
Siracusa que escribió un libro sobre la fundación de las mejores ciudades
italianas y otro sobre Sicilia.
4. La Historia en la Antigua Grecia.
La
Historia conocida como ciencia humana tiene su creación en el mundo helénico,
al igual que la filosofía. La filosofía presenta una serie de cambios debido al
cambio de mentalidad que presenta la población griega, esta pierde la fe en los
mitos y advierte que la única manera de afrontar la religión es mediante la
experiencia y la fuerza lógica de nuestra mente. Más tarde, la población
considera que la única manera de hacer frente al problema de la religión es
mediante la investigación de las acciones del hombre. En este marco temporal tiene
lugar el nacimiento de la Historia que brotará en el seno de una filosofía
suficientemente madura. Pero esta definición de Historia implicaría más bien
una contraposición que un antecedente de la historiografía. Esta Historia no se
trata del relato de hechos llevados a cabo por los humanos, sino del origen y
las actividades de los dioses. Además, presenta una falsa temporalidad que no
coincide con la fecha de los sucesos, ya que los acontecimientos que se narran
se fijan en un pasado remoto y de ahí se suceden cronológicamente.
Al mismo tiempo que se desarrolla
esta historia, en los pueblos semíticos nos encontramos con otro tipo de pseudohistoria,
la Historia teocrática. Este tipo de historia se refiere a las acciones humanas
derivadas de un dios personal que las dirige en todo momento mediante mandatos.
Con la llegada de Herodoto,
encontramos un gran cambio en la Historia. En Herodoto se observa un
sentimiento que le índica que está haciendo ciencia. Los escritores anteriores
habían sido logógrafos, simplemente narraban en prosa los antiguos mitos y
leyendas, pero Herodoto se propone alcanzar la verdad y su obra es el resultado de esta actitud. Su
narración no es mítica ni teocrática, sino una verdadera Historia humanística.
La intervención de los dioses se encuentra notoriamente restringida, sirviendo
para acentuar el carácter del acontecer histórico. De esta manera, el
fundamento de la Historia queda desvinculado de la divinidad.
El principal valor de la Historia es
el principio de acción y reacción. El desarrollo de las acciones humanas no
está sometido a un determinismo, sino que permanece abierto a las
modificaciones voluntarias. Por lo tanto, el relato de los sucesos pasados
constituye así una forma de introducirnos en el pensamiento de nuestra persona.
Dicho esto, la Historia se trata de una ciencia empírica ya que sus
conclusiones son sólo probables. El mayor éxito que se le atribuye a Herodoto
fue su capacidad para transformar esa sucesión de hechos empíricos en ciencia,
acción que pudo llevar a cabo gracias al uso de un método de investigación. Este
método utilizado por Herodoto se dividía en los siguientes pasos: en primer
lugar, la observación directa del autor; en segundo lugar, el estudio de la
información proporcionada por los testigos de los hechos; por último, se
llevaba a cabo una división de las distintas fábulas que llegaban al
historiador, aceptando o rechazando estas en función del criterio personal del
historiador.
A partir de este momento, la
logografía se considera superada por la Historia que presenta un carácter
científico. Tras esto, tiene lugar la llegada de Tucídides. Este autor también
defiende esta concepción de la Historia que comparte con Herodoto.
Con el triunfo de Platón y la caída
de la sofística, se llevó a cabo una búsqueda de formas inmutables y eternas
que llevó a la historiografía a un camino erróneo al abandonar todo intento de
conseguir un conocimiento científico, por tanto, los historiadores del siglo V
no tuvieron verdaderos sucesores. Los historiadores del siglo IV se
caracterizan por tener una visión de la Historia estadística, de este modo,
pierde su valor teórico en cuanto a su estudio de las acciones humanas por sí
mismas.
Con el helenismo, el campo de la
historiografía se ensancha de manera notoria. Las conquistas llevadas a cabo
por parte de Alejandro supusieron un cambio en la mentalidad de los hombres
griegos, a partir de ese momento habrá una mayor comprensión como unidad de todos los hombres y, por
tanto, se superará el individualismo de las obras históricas anteriores. El
mundo pasó a ser considerado una comunidad histórica. Las características más
destacadas de los historiadores de este período son las siguientes: carencia de
crítica, admisión de lo fantástico, interés didáctico y moralizador, y
aparición de novelas que presentan una similitud con la novela romántica. La
figura más destacable de este grupo es Polibio[6].
A partir de Polibio, la decadencia
de la historiografía helénica es más que evidente. Posteriormente, aparecen ya
los escritores romanos que mantienen las directrices de la época helenística,
tanto en sus aciertos como en sus fallos. Las dos figuras más importantes de
este período son Tito Livio y Tácito.
Dicho todo esto, queda más que
demostrado que la Historia es una necesidad. He aquí donde radica su principal
tarea, el regreso al pasado con el objetivo de comprender todo lo ocurrido en
el mismo. Para llevar a cabo esta labor, se debe adoptar un carácter científico
ya que los hechos históricos nos aportan información muy valiosa para el
autoconocimiento del presente. Tal y como afirmó Heráclito[7]: ``El ser, particularmente
el ser humano, es su propio cambio, el fluir incesante de su actividad´´.
[1]
Fue un arqueólogo y filólogo australiano especializado en
el estudio de la Prehistoria europea. Dedicó la mayor parte de su vida a la
investigación académica en el Reino Unido; en la Universidad de Edimburgo
primero y en el Instituto de Arqueología de Londres después. En total escribió
36 libros y fue uno de los primeros teóricos de la arqueología
histórico-cultural y de la arqueología marxista.
[2] Fue un emperador
romano que gobernó desde el año 378 hasta el 395, año de su muerte.
[3] Fue el último
emperador romano de Occidente que gobernó entre el año 475 y el año 476.
[4] Se trata de un
explorador cartaginés cuya cronología es indeterminada.
[5]
Fue un poeta
griego a quien tradicionalmente se le atribuye la autoría de las principales
poesías épicas griegas, la Ilíada y
la Odisea.
[6]
Fue un
historiador griego. Es uno de los historiadores más importantes, ya que es el
primero que escribe una historia universal. Además de esto, Polibio ha sido es
el historiador antiguo que más ha escrito sobre la forma de hacer historia.
Será retomado en la modernidad para forjar algunos de los puntos básicos que
formaran la Teoría de la Historia. Sus apreciaciones políticas son consideradas
hoy en día, siendo material de estudio en diversas disciplinas, como la Ciencia
Política o las Relaciones Internacionales.
[7] Fue un filosofó
griego. Nació en Éfeso hacia el año 535 a.C. y murió hacia el 484 a.C.
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